Tras el resultado de las elecciones de Noruega, todos los países nórdicos giran a la izquierda

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El líder laborista noruego Jonas Gahr Store se reunió ayer con Trygve Vedm, líder del Partido Centrista, en un primer contacto para negociar la formación de gobierno. Tras las elecciones del pasado lunes, se perfila una coalición entre laboristas, centristas y la Izquierda Socialista que solo ha de acordar algunas cuestiones de protección del clima pero que no variará la política petrolera. «Desde el principio dije que solo tenía una letra en el alfabeto de gobierno, un gobierno de laboristas, centristas y socialistas. Pensábamos que es la alternativa con más opciones de lograr una mayoría estable y que es lo que prefieren los electores. Y no nos equivocamos», ha confirmado Store sobre sus intenciones.

«El mensaje es claro. No hay mayoría sin nosotros y quienes quieran formar gobierno deberán tenernos en cuenta necesariamente», ha dicho por su parte el líder socialista Audum Lysbakken. Noruega, por lo tanto, toma ya el mismo camino que han ido tomando anteriormente el resto de los países nórdicos, que en bloque son ya gobernados desde la izquierda.

Hecho que no sucedia desde 2001
El mapa político del norte de Europa no tomaba este color tan compacto desde 2001, última fecha en la que los primeros ministros de Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca fueron a la vez socialdemócratas. Si sumamos a la vecina Islandia, tenemos que remontarnos hasta 1950 para encontrar ese conjunto. «Esto contradice la idea de muchos de que Europa es liberal por naturaleza, y la idea de muchos otros de que los partidos socialdemócratas están acabados», ha juzgado Store sobre su propio triunfo electoral, «estamos asistiendo al regreso de una fórmula poco renovada y que da la respuesta que ahora se necesita, una opción de equilibrio justo entre industria, empleo y clima».

«Los condenados de por vida no deben poder utilizar nuestras cárceles como centros de encuentro»

En Dinamarca, Mette Frederiksen ha apuntalado su posición de gobierno gracias a la mano dura en política de inmigración y delincuencia. Entre sus nuevas leyes hay llamativos proyectos como el que evita que los solicitantes de asilo pongan un pie en territorio danés antes de haberles sido concedido ese estatus o el que impide la entrada a zonas de ocio nocturno a personas con antecedentes penales, como medida para garantizar la seguridad ciudadana. No menos llamativa es su política carcelaria, según la cual los condenados a cadena perpetua ven limitada su actividad en las redes sociales y no podrán mantener relaciones sexuales en visitas bis a bis durante los diez primeros años de condena, para evitar lo que Frederiksen ha denominado como el fenómeno de «grupis de delicuentes». «Los condenados de por vida no deben poder utilizar nuestras cárceles como centros de encuentro o plataformas para presumir de sus crímenes», ha justificado la primera ministra.

Löfven deja la jefatura de Gobierno
En Suecia, el primer ministro socialdemócrata Stefan Löfven acaba de anunciar que en noviembre dejará la jefatura de Gobierno y la presidencia del partido, cuando queden diez meses para las próximas elecciones generales. «Llevo casi diez años como presidente del partido y siete de primer ministro, años fantásticos en los que me he centrado en hacer lo mejor por Suecia y todos los que viven en este país fantástico. Pero todo tiene un fin y quiero darle a mi sucesor las mejores condiciones», ha explicado.

La decisión se produce un mes después de superar una crisis que provocó su histórica destitución por el Parlamento, la primera de un jefe de gobierno en ejercicio en Suecia, y su posterior reelección por la Cámara dos semanas después. El Partido de Izquierda es quien da la mayoría con sus votos al ejecutivo rojiverde, gracias a que los partidos de centro derecha no aceptan contar con el ultraderechista Demócratas de Suecia (SD), tercera fuerza parlamentaria, desde que entró en el Parlamento en 2010. Esto es lo que ha permitido gobernar a Löfven desde 2014, pese a no tener mayoría electoral.

Los desayunos de 300 euros al mes
En cuanto a Finlandia, Sanna Marin llegó al poder en 2019 como la jefa de gobierno más joven del mundo, ha gestionado la pandemia con resultados modélicos y las mayores críticas que recibe actualmente están relacionadas con los 300 euros al mes que gasta en los desayunos de su familia, que vive con ella en la residencia oficial de Kesäranta, a cargo del contribuyente, un escándalo destapado por el tabloide finlandés ‘Ilta-Lehti’. Según su oficina, el primer ministro y su familia tienen derecho a desayunos y comidas frías, no calientes, cuando se alojan en la residencia oficial, a cargo del Estado.

Marin no está violando, por tanto, ninguna ley, pero sus antecesores renunciaron a este privilegio y desde la mentalidad nórdica de los recursos públicos supone una falta. Recordemos que en 2014 la ministra Mona Sahlin tuvo de dimitir por haber utilizado su tarjeta profesional para comprar dos paquetes de chocolate por valor de 32,12 euros. El escándalo de los desayunos ha sido una de las causas por las que el partido conservador Kokoomus, segunda fuerza de la oposición, venció en las elecciones municipales celebradas en junio con el 20,8% de los votos.

La profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Bergen, Elisabeth Ivarsflaten, considera que los socialdemócratas se benefician sin lugar a dudas del «espíritu de esta época», de un estado de opinión en el que la incertidumbre lleva a los ciudadanos a buscar «un Estado más fuerte y menos desigualdades sociales, una tendencia que ha acentuado la pandemia». También se benefician, según la experta, del «deseo de contrarrestar las derechas populistas emergentes, tanto en retórica como en estrategia, además de presentar políticas que pretenden dar repuestas sólidas a las protestas que plantean esos nuevos partidos». A veces incluso se apropian de sus políticas, como Frederiksen en Dinamarca. Ivarsflaten advierte, sin embargo, que estas formaciones de gobierno opacan resultados electorales mediocres y el hecho de que «estos partidos se están beneficiando de un estado de fragmentación de la opinión pública».