La sonda DART impacta con el asteroide Dimorphos en un intento de desviar su órbita

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Un pequeño impacto en un asteroide inofensivo, pero un gran salto para la defensa planetaria. La NASA espera que ese sea el resultado de la misión que ayer estrelló una pequeña nave no pilotada contra Dimorphos, una roca inofensiva que orbita alrededor del asteroide Didymos. El objetivo es demostrar que la humanidad tiene capacidad para cambiar la trayectoria de un asteroide en dirección a la Tierra y evitar una catástrofe mayúscula. El nombre de la misión es Prueba de Reorientación de Asteroide Doble (DART, en sus siglas en inglés). El nombre también es un juego de palabras. Significa ‘dardo’, una alusión al tamaño de la nave: poco más que un frigorífico grande. La cámara instalada en ella mostró cómo el asteroide, con una superficie rocosa y rugosa, se hacía cada vez más grande en las pantallas de todo el mundo hasta que el módulo se estrelló contra él. La idea es que Dimorphos, que ahora tarda en dar una vuelta completa a Didymos 11 horas y 55 minutos, reste al menos 73 segundos a esa órbita –si bien el efecto podría ser de hasta de 10 minutos, según las estimaciones más optimistas–, lo que podría ser crucial en caso de que quisiéramos desviar una roca que apunta a la Tierra. Porque aunque las historias sobre asteroides chocando de forma catastrófica contra la Tierra se contemplaban hasta hace relativamente poco más en el terreno de la ciencia ficción, múltiples estudios evidencian la probabilidad real de este tipo de impactos (de los que ya se ha demostrado su poder destructivo en el pasado, como con el meteorito que acabó con los dinosaurios) y calculan que existen unas 4.700 rocas potencialmente peligrosas flotando sobre nuestras cabezas (a pesar de que solo tenemos contabilizadas en torno a solo el 40% del total). Los ojos en el espacio Durante las maniobras, DART tomó imágenes con Draco, la cámara integrada en la nave destinada a registrar el segundo a segundo del choque (o el fallo, ya que se contempla que la misión no salga según lo esperado). Los datos, recogidos desde el Laboratorio de Física Aplicada (Jhuapl) de la Universidad Johns Hopkins en Laurel, Maryland, donde se sitúa el centro de seguimiento de la misión, serán procesados en las próximas horas para conformar las imágenes que el resto de los mortales veremos en los próximos días. Pero no son los únicos ‘ojos’ que estuvieron (y que estarán) atentos: junto con la nave viajó LICIA-Cube, una sonda de la Agencia Espacial Italiana (ASI) del tamaño de una tostadora que se desconectó de DART hace unos días para navegar por su cuenta. Su objetivo fue registrar el impacto y la columna de eyección que se generó tras el choque. Así mismo, los objetivos de los telescopios espaciales Hubble, James Webb, además de los instrumentos a bordo de la sonda Lucy –que precisamente, está diseñada para estudiar asteroides–, apuntaron no solo antes y durante los momentos críticos, sino también un tiempo después para intentar recabar más información sobre cómo ha ido la misión DART. Mirando desde casa Desde la Tierra también habrá múltiples ojos escudriñando su posición en el espacio hasta finales de año: decenas de telescopios terrestres de los siete continentes se han sumado a las observaciones (incluidos observatorios que operan desde las Islas Canarias). Si bien solo los telescopios de Sudáfrica, Kenia e Israel tuvieron asientos de primera fila para ver el impacto, el resto tomarán imágenes de la zona en cuanto esté en su rango de visión. Y la zona se volverá más y más brillante a medida de que el polvo y los escombros del impacto se esparzan por el espacio y reflejen la luz del Sol. Las observaciones, que se alargarán durante meses, porque aunque el personal de DART solo necesita medir el cambio en la órbita de Dimorphos para determinar el éxito de la misión, los científicos esperan aprender más sobre el propio asteroide, incluida su estructura, composición y rotación. Además, cuanto mejor entiendan los científicos qué ha ocurrido (incluso si el choque ha ido mal) a unos 11 millones de kilómetros de distancia de la Tierra, donde habita el sistema binario de asteroides –que no suponen peligro alguno para nuestro planeta–, más datos se dispondrán para ajustar futuras misiones que sí podrían estar destinadas a verdaderas amenazas. «Vamos a recibir contribuciones de todo el mundo: de astrónomos profesionales, observadores aficionados, incluso tengo estudiantes de secundaria que planean observar esto. Esta misión abre una oportunidad real para que cualquier persona pueda participar en ella también», afirmó para Space.com Cristina Thomas, astrónoma planetaria de la Universidad del Norte de Arizona, responsable del grupo de trabajo de observaciones de DART. «Es importante que la gente entienda que, cuando se trata de defensa planetaria, todos tenemos que estar involucrados».